¿Cosa de límites?

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Luis Fernando Quirós

Diseñador y docente de la Universidad VERITAS de Costa Rica

“Considero el lindero de la función que diferencia al arte del diseño, aunque tampoco tengo ningún problema en admitir que una bella silla sea una verdadera obra de arte. Pero una obra de arte tampoco tiene que ser funcional, es arte y nada más, no se cuestiona excepto su calidad, la madurez de la idea y su realización”.

Creo en nuestra posibilidad de hacer diseño hoy como una acción libre en un espacio sin límites –o, si apenas se vislumbran dichas barreras que sean muy porosas entre sí. En mi postura personal no busco anteponer limitantes a nada -por ejemplo-, jamás pienso en determinar el borde existente entre arte y diseño, o el que hay entre artesanía y diseño, o entre arte y artesanía; lo que sí pienso es permitir que fluya entre dichos linderos la creatividad, la innovación, el buen gusto, la factura técnica y el concepto; todo esto tiene que ver con el adecuado manejo técnico pero también con astucia propia puesta en el momento de anticipar los resultados en el lapso que va entre abocetar la idea y su concreción final como nuevo producto. Además diseño o arte sin concepto produciría un objeto vacío y estéril, que no insinúa ni mucho menos provoca nada en el usuario.

Otras porosidades entre arte y diseño

Considero el lindero de la función que diferencia al arte del diseño, aunque tampoco tengo ningún problema en admitir que una bella silla sea una verdadera obra de arte. Pero una obra de arte tampoco tiene que ser funcional, es arte y nada más, no se cuestiona excepto su calidad, la madurez de la idea y su realización. ¿No son ésos parámetros los que también nos desvelan a los diseñadores en la acción proyectual? Y, si imprimimos rigor al producto, será factor de diferenciación para con esa marea de diletantes que pululan en esta profesión.

Mis conclusiones

Pero, también me parece que hay personas a quienes le injertaron un dispositivo ocular que les permite ver sólo a través de rejas, o que sólo ven cárceles y se empeñan en poner murallas a todo. La película Copying Beethoven (2006), dirigida por Agnieszka Holland, aunque es una hermosa pieza de ficción dramática, ilustra con genialidad la visión creativa de Ludwig van Beethoven en relación con su copista y discípula Anna Holtz. En uno de los pasajes el maestro y su discípula hablan de una idea musical, de un movimiento o incluso en la estructura de las mismas obras; él critica la actitud de poner límites a todo: hablaba del fluir y la porosidad que genera interés compositivo entre los bordes, actitud también muy actual sobre todo hoy cuando “encarcelamos” el pensamiento, el espacio vivencial, el tiempo de la experiencia y, en vez de considerar los horizontes para hacer fluir arte o diseño en ellos -como lo que veía el viejo maestro en el pentagrama y por lo tanto en la notación-, nosotros sólo observamos barrotes o murallas.

Desde mi postura y apreciación personal hace tiempos que la escultura tradicional, el tallado en mármol o madera, o el fundido en metales, no me mueve a sentir nada; las veo como esas piezas que colocan para “decorar” los “no lugares” –como diría Marc Auge-, como son los “lobby” de los hoteles. Pero una silla de diseño contemporáneo dispuesta en un espacio con una actitud minimalista, y cuyos materiales permitan a su forma fluir, me deja sencillamente “patidifuso” o “anonadado”, pero en el buen sentido.
“Es cierto que existen muchos diletantes haciendo nuestro trabajo, es más, el asunto del diseño gráfico se ha llevado a límites de incomunicabilidad, cuando quien lo hace espera que el lector de ese mensaje esté conectado telepáticamente con él. Es entonces que uno dice, ese cartel se vería mejor en una galería o museo porque es una pieza de arte conceptual pero no tiene que ver nada con un comunicado efectivo, que es tarea del diseñador.

  1. #1 por Felia el enero 16, 2009 - 6:46 PM

    Creo que dependerá mucho de la función del arte en una determinada cultura, si el entorno exige y acepta una escultura para el lobby de un hotel es porque la pieza ha perdido su carga expresiva, temática y ganado un lado decorativo, y eso nos da una lectura legítima que no es solamente responsabilidad del arte, en hacer o no comprender las capacidades de las funciones del arte, sino, son parte de una política de los estados, la realidad de una cultura que anda por esos ritmos de vacío contemporáneo, de mentes perdidas en unos asuntos vagos de vida, visión del arte, de sus revoluciones, unas cuestiones de vértigo que no aspiran a nada.
    Si eso nos preocupa a los artistas, diseñadores, instituciones hagamos algo que respete más nuestra razón, fantasías, humanidad.

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