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Tan fácil como no entender nada…

Por: Un transeúnte intransigente

Nunca me ha sido fácil hacer chimbombas con chicle, (en Nicaragua no se usa “bombas”, ¿ok Yota?) lo confieso, creo que fue lo que pensé cuando vi por primera vez una de las vallas con la nueva publicidad de Yota.

A pesar que no comprendí el mensaje del anuncio no le puse mucha importancia, aquella frustración infantil reprimida por mi incapacidad de “hacer bombas” me ocupó por un rato.

Días después, observé otra valla de la misma campaña: “Como pelar mandarinas…”, pero esta vez caminaba acompañado por un amigo y ninguno de los dos supo cómo descifrar aquel mensaje encriptado que la compañía rusa enviaba al pueblo profano.

Nosotros, disque creativos en ciernes, hicimos un ejercicio de inteligencia militar que concluyó con: “seguramente tiene relación con la rapidez y la facilidad de su servicio de Internet”. ¡Eureka!, ¿será que dimos en el blanco y entendimos el mensaje?. De hecho la guerra fría terminó hace 20 años, no debería significar otra cosa.

Yo no sé ustedes, pero a mi me encantó la simpleza de las primeras campañas de Yota que vi por la ciudad, me hizo recordar lo eficiente que sigue resultando aquella famosa frase del arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe: “Less is more” (menos es más).

Y es que me pareció un tanto refrescante para la vista y para el cerebro, un mensaje limpio y directo, sin la polución idiota de las campañas que lanza Claro y Movistar.

Ok, tranquilos, habrá quienes aseguren que esas campañas de Claro y de Movistar están pensadas para el contexto nicaragüense y que han adaptado aspectos culturales para hacer llegar su mensaje. Pero lo interesante de la campaña con la que Yota se dio a conocer en el país es que podría incluso funcionar en otros contextos y otras culturas. En palabras del maestro Felix Beltrán, pensaron más en “qué quitar” y no en “qué poner”.

O como dijera Joan Costa sobre el mismo Beltrán: “Sin adornos, sin elementos innecesarios ni decorativismos fáciles y gratuitos…”

Pero en este caso específico, con esta nueva campaña de Yota, creo que pecaron de “creativos”. Delirio de innovación patológica le llamaría.

Voy a ser honesto, no tengo idea si Yota con esta publicidad ha tenido éxito, ni qué tan “eficiente” en términos económicos ha resultado su estrategia de comunicación.

Sin embargo, aunque considero que ni el anuncio de la mandarina o el de la niña con la chimbomba de chicle y los demás de dicha campaña, fueron mensajes atinados para que el pueblo profano interpretara sin complicaciones, reconozco que el intentar dar un paso atrás —en el buen sentido de la palabra— y retomar la sabia sencillez y la poderosa imaginación de Shigeo Fukuda, la simpleza modernista de Paul Rand o la síntesis de Alejandro Ros, consciente o inconscientemente es un avance para el diseño gráfico de este país y para el sano ejercicio de la comunicación sin ruidos.

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